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Los estándares de la perfeccionista

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Cómo abordar el perfeccionismo disfuncional

Considerando los efectos que puede tener un perfeccionismo disfuncional, es importante empezar a abordarlo, ya que suele ser un patrón que tiende a rigidizarse con el paso del tiempo, lo que hace que cambiarlo sea un proceso gradual y desafiante. Ante esto, y teniendo en cuenta el impacto personal que tiene en cada persona, existen distintas formas de trabajarlo, desde recursos prácticos propios del día a día a opciones más a largo plazo como la consulta psicológica. 

Lidiar con el perfeccionismo día a día y paso a paso

Tal como relatan Laura Alonso (22 años) y Clara Bernal (37 años), convivir con el perfeccionismo puede convertirse en una lucha cotidiana, con días más llevaderos y otros más difíciles. En este contexto, las psicólogas Isabel Burriel y Esperanza García subrayan la importancia de incorporar, en la rutina diaria, distintos recursos y estrategias que ayuden a fortalecer la gestión emocional y el bienestar personal. Estas prácticas, cultivadas a través del hábito y la elección consciente, pueden marcar una diferencia significativa para quienes buscan reducir el impacto del perfeccionismo y mejorar su calidad de vida. Además, estos recursos —que favorecen un manejo más flexible y equilibrado del perfeccionismo en el día a día— también pueden resultar especialmente útiles como apoyo si se plantea la posibilidad de iniciar un proceso terapéutico complementario. 

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Claves para el autocuidado personal. Fuente: Sonia Iglesias

Indicadores para la intervención terapéutica. Fuente: Sonia Iglesias

De hecho, los resultados más consistentes frente al perfeccionismo provienen de la terapia psicológica. Según explica la psicóloga Isabel Burriel, este abordaje permite identificar patrones disfuncionales de pensamiento y conducta, al tiempo que ofrece herramientas para regular la autoexigencia y manejar emociones difíciles como la ansiedad, la frustración o el miedo al fracaso que suelen estar detrás de este fenómeno. Algunas de las entrevistadas que optaron por acudir a terapia confirman que les ayudó a tomar conciencia del bucle en el que se encontraban y representó un cambio transformador en la forma de gestionar, en mayor o menor medida, su nivel de exigencia. Pero, ¿cómo saber si ha llegado el momento de pedir ayuda profesional?

Una de las claves está en identificar si el perfeccionismo que se vive es disfuncional. En este sentido, la psicóloga Isabel Burriel señala cinco efectos o repercusiones que pueden servir como indicadores para determinar cuándo acudir a una consulta psicológica puede ser especialmente recomendable. La duda también puede ser un signo a tener en cuenta, ya que, como reconocen las terapeutas Esperanza García y Sara Yepes, en la mayoría de los casos el perfeccionismo casi nunca es “el motivo de consulta inicial, pese a que sí puede ser el problema principal” detrás de ciertas enfermedades mentales o problemáticas de distinta gravedad. Esto se debe a que es una dinámica que suele pasar desapercibida y que solo se revela una vez que comienza el trabajo terapéutico.

Precisamente por esto último, el primer paso para abordar el perfeccionismo es, según explica la psicóloga Isabel Burriel, desarrollar la autoconciencia. Esto supone identificar los propios rasgos perfeccionistas y reconocer cuándo y cómo aparecen en la vida cotidiana. Así lo cuenta Uxía Pérez, estudiante y paciente de 22 años, quien describe este proceso como un ejercicio de “introspección” que le permite conocerse mejor: observar cómo reacciona ante determinadas situaciones y descubrir qué recursos le resultan más útiles para afrontarlas.

De este modo, el perfeccionismo deja de ser algo que se evita o se ignora y pasa a convertirse en un compañero de viaje del que se es consciente, al que se tiene en cuenta y con el que se aprende a convivir. Este trabajo puede realizarse tanto dentro como fuera de un proceso terapéutico, aunque, como señala Francesca Simonelli, contar con una persona cualificada, externa y objetiva puede marcar una diferencia importante, ya que dispone de más herramientas para acompañar y guiar el proceso.

Es interesante tener en cuenta que no hay una única terapia posible para trabajar el perfeccionismo, cada una con sus propias técnicas y desafíos terapéuticos. Según la terapeuta Isabel Burriel, los cuatro enfoques más habituales son:

  • Cognitivo-conductual

  • Psicodinámico interpersonal

  • Apego

  • Terapia centrada en la compasión

Conocer estas opciones ayuda a cada persona a elegir el camino que mejor se ajuste a sus necesidades, una vez tomada la decisión de acudir a terapia. Cada modalidad puede ofrecer caminos distintos para abordar un mismo patrón o síntoma; esta perspectiva permite entender por qué los tratamientos pueden diferir incluso cuando buscan abordar un mismo problema. Ana López, directora de la Unidad de Atención Psicológica de la Universidade de Santiago de Compostela, destaca la efectividad para intervenir en patrones perfeccionistas del enfoque cognitivo-conductual con el que trabaja su equipo. Mientras tanto, Burriel enfatiza la profundidad del trabajo dentro del enfoque del apego para entender las raíces de esas conductas.

Prevenir y cuidar

Sea cual sea el enfoque elegido, la terapeuta Sara Yepes insiste en la importancia de acudir a terapia de forma preventiva como una manera de cuidar la salud emocional. Desde su experiencia profesional, defiende la idea de normalizar la psicología como otra especialidad sanitaria más y mantener con ella una relación más cotidiana, mediante revisiones periódicas o visitas puntuales que permitan comprobar que “todo va bien” o, si es necesario, trabajar aquellos aspectos que puedan generar malestar o dificultades en la paciente.

Esta forma de entender la terapia ayuda a detectar posibles problemas antes de que se conviertan en crisis que, por desgracia, acostumbra a ser el momento más común para acudir a sesión, como asegura la psicóloga Esperanza García. Sin embargo, su compañera, la terapeuta Sara Yepes, señala motivos para el optimismo a este respecto entre las nuevas generaciones, pues es cada vez más habitual que busquen apoyo psicológico sin esperar a situaciones límite, favoreciendo así la regulación emocional y la prevención de colapsos.

En contraste, el caso de Clara, de 37 años, ilustra cómo el retraso en acudir a terapia puede prolongar el malestar emocional: tardó siete años en animarse a pisar la consulta. Una vez allí, logró gestionar mejor sus emociones y moderar el perfeccionismo que influía en su vida. Su experiencia demuestra que la terapia es efectiva sin importar cuándo se comience, pero enfatiza que actuar de manera preventiva puede ayudar a reducir el impacto antecedente a ella.

Convertir el contexto en aliado: casa, colegio y trabajo

Más allá del trabajo personal y del acompañamiento terapéutico frente al perfeccionismo —entendido como un fenómeno amplio—, existen propuestas de mejora de carácter estructural orientadas a transformar los sistemas de apoyo del perfeccionismo. En este sentido, las psicólogas Sara Yepes y Esperanza García plantean la necesidad de un abordaje tanto familiar como laboral y subrayan la importancia de sensibilizar estos ámbitos ante esta problemática, al igual que el profesorado señala la necesidad de introducir cambios en el ámbito educativo.

Como ámbito inicial de desarrollo del perfeccionismo, la terapeuta Sara Yepes señala a la familia como un espacio clave para su prevención y abordaje. Desde esta perspectiva, no se trata de culpabilizar a los padres, sino de analizar de manera consciente el impacto que determinadas actitudes y mensajes pueden tener en los hijos. Abordar el fenómeno desde la empatía y la comprensión permite abrir un espacio para introducir cambios en la crianza y prevenir que esta presión derive en conductas poco saludables. En este sentido, Yepes identifica tres pilares de actuación a nivel familiar: la transformación del lenguaje y de las actitudes, la revisión de cómo se valora el proceso frente al resultado y el fomento del pensamiento crítico ante los mandatos sociales.

Resumen gráfico de los cambios familiares expuestos por la terapeuta Sara Yepes. Fuente: Sonia Iglesias

Como continuador, el sistema educativo también ha de modificar sus políticas de actuación. Según profesorado consultado como el docente del IES Arcebispo Xelmírez, Xosé Encinas, la enseñanza “arrastra las mismas dificultades” que en su época de estudiante: las herramientas de evaluación apenas han cambiado, a pesar de que sí lo han hecho el contexto social, la carga académica y la presión emocional. Este desfase pone de relieve la necesidad de transformar el modelo educativo. Entre las principales propuestas, alumnado y profesorado coinciden en la importancia de cuidar el lenguaje en el aula, pues, como recuerda el docente del IES Antonio Fraguas Xosé Cabido, este provoca impacto emocional en el alumnado. También concuerdan en revisar el peso de los exámenes para evitar que una sola prueba determine todo el rendimiento académico, apostando por evaluaciones más continuas e integrales, a lo que Cabido añade habilitar espacios y actividades donde la nota no sea el eje central y reforzar el acompañamiento emocional del estudiantado.

El profesor del IES Arcebispo Xelmírez, Xosé Encinas, plantea además la creación de protocolos específicos para detectar y abordar situaciones de malestar emocional o sobrecarga. Por último, la docente María Teresa Couso sugiere incorporar figuras especializadas —como psicólogos o coordinadores de bienestar— que ofrezcan apoyo de forma estructurada y accesible dentro de los centros educativos.

Por último, la coyuntura laboral también es un agravante del perfeccionismo, especialmente en un contexto marcado por la cultura del rendimiento. La exigencia de productividad, la autoexplotación normalizada y la difusa frontera entre el tiempo de trabajo y el descanso favorecen dinámicas en las que el error se vive como un fracaso personal y no como parte del aprendizaje. En este escenario, el perfeccionismo deja de ser una elección individual para convertirse en una exigencia implícita del sistema. No obstante, según la terapeuta Esperanza García, existen numerosos cambios que pueden impulsarse desde el ámbito laboral para reducir el impacto del perfeccionismo, que van desde revisar las expectativas y los ritmos de trabajo para frenar la lógica del “siempre se puede más” a despenalizar el error en la cultura organizacional.

Resumen gráfico de los cambios laborales expuestos por la terapeuta Esperanza García. Fuente: Sonia Iglesias

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