Los estándares de la perfeccionista


Cuando el perfeccionismo afecta a la mente y al cuerpo
Debido a sus implicaciones en la autoestima y en la vida personal y laboral de la persona, el perfeccionismo, lejos de ser solo una búsqueda de mejora personal, puede convertirse en una fuente de presión constante que afecta tanto a la salud mental como al bienestar físico.
Fuera de diagnóstico: el piloto automático y sus efectos secundarios
En algunos casos, el perfeccionismo puede afectar al bienestar psicológico, adoptando la forma de un “piloto automático”. Bajo esta dinámica, la persona funciona de manera mecánica, desconectada de sus emociones y necesidades internas, guiada únicamente por la exigencia de rendir y cumplir. Así ocurre en el caso de la joven perfeccionista Manuela Cividanes, de 20 años, quien lleva años sintiendo un notable desapego emocional, como si sus sentimientos quedaran en un segundo plano frente a la obligación de hacerlo todo bien.
Algo similar experimentó Laura Fresneda, de 21 años, en su peor etapa personal: pese a mantener una productividad impecable y obtener resultados académicos sorprendentes, llegó a desvincularse por completo de lo que necesitaba y de cómo se sentía realmente. Esta desconexión, describe la terapeuta Esperanza García, es el resultado directo de ese estado de piloto automático en el que el perfeccionismo mantiene a muchas personas: avanzan, producen, cumplen… pero a costa de perder contacto consigo mismas.
También es habitual que, después de años de sobreesfuerzo continuado, el perfeccionismo termine manifestándose en forma de apatía o desmotivación hacia los propios objetivos, como les ocurre a Ángela Abeledo y Raquel López, de 20 y 25 años respectivamente. Según explica Esperanza García, esto tiene que ver con la propia naturaleza del perfeccionismo: cuando la meta es alcanzar un resultado perfecto, el proceso se vuelve interminable para quien se exige cumplir. Así, la sensación de estar persiguiendo algo inalcanzable termina agotando, drenando la motivación y haciendo que los objetivos que antes impulsaban ahora se perciban como una carga infinita.
En otros casos, al influir en la forma en cómo una persona se relaciona consigo misma, este patrón de exigencia excesiva se añade como un factor de riesgo —o un elemento que agrava— diversos trastornos psicológicos.
Trastornos y enfermedades mentales
Según explica la psicóloga Esperanza García, el perfeccionismo puede funcionar como un hilo conductor en el desarrollo de, al menos, nueve problemas de salud mental. Esto ocurre porque, cuando este rasgo se vuelve rígido e inflexible, acaba implicándose de forma profunda en trastornos donde predominan la necesidad de control, la autoexigencia y el miedo al error. Entre los más habituales y citados por la terapeuta García, el trastorno obsesivo-compulsivo, los trastornos de ansiedad, los trastornos de la conducta alimentaria o la depresión.
En el caso de la estudiante Laura Alonso, que convive con un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), el perfeccionismo se manifiesta a través de rituales y conductas repetitivas orientadas a mantener el control del entorno. Esto incluye acciones como la necesidad de alinear los zapatos de una forma exacta y permanente, o la revisión constante de sus trabajos y tareas académicas para asegurarse de que no contienen ningún fallo. Del mismo modo, en la relación de Uxía con la comida, el perfeccionismo se entrelazaba con una necesidad intensa de control que le servía para aliviar la frustración de no poder manejar otros aspectos de su vida o su propia ansiedad. Una dinámica similar aparece también en la experiencia de Laura Fresneda, cuya ansiedad generalizada amplifica esa búsqueda de perfección y de control constante.
Ese empuje constante hacia el rendimiento y la exigencia puede llevar al sistema emocional al límite. La psicóloga especializada en apego Isabel Burriel señala que, cuando esto ocurre, el perfeccionismo puede desembocar en dos respuestas: el colapso —más relacionado con la depresión— o el desplome, conocido como burnout o síndrome de la trabajadora quemada. Según la terapeuta Esperanza García, esta última reacción implica un agotamiento físico y emocional extremo, ante el cual las personas perfeccionistas suelen mostrarse especialmente vulnerables. El burnout no solo afecta a quienes trabajan bajo presión; también aparece en el ámbito académico, donde el estrés y el sobreesfuerzo sostenido pueden provocar una desconexión emocional profunda. Es lo que le sucedió a Raquel durante su ciclo de Fotografía, cuando la exigencia interna terminó por empujarla hacia una situación límite.
Enfermedades físicas: el cuerpo también habla
Finalmente, los comportamientos perfeccionistas sostenidos en el tiempo también pueden repercutir en el cuerpo, especialmente cuando el piloto automático lleva años activo e ignorando los efectos del perfeccionismo disfuncional. En estos casos, el organismo suele alertar de las necesidades o emociones desatendidas a través de síntomas físicos, un fenómeno conocido como somatización.
De este modo, sensaciones como el estrés, el agotamiento o la ansiedad pueden transformarse en manifestaciones físicas: dermatitis inesperadas, problemas gastrointestinales recurrentes, migrañas sin una causa médica aparente o alteraciones del sueño. Estos síntomas suelen funcionar como una última señal de alarma ante un problema prolongado y desgastante de autoexigencia que se dirige, como apunta la terapeuta Esperanza García, a la parte de nuestro cuerpo más debilitada.
Esto se puede aplicar a entrevistadas como Irene Orza, estudiante universitaria de 21 años, que percibe cómo su dermatitis empeora en períodos de tensión, o Laura Fresneda y Manuela Cividanes, de 21 y 20 años, que sufren de problemas gastrointestinales desde hace años; mientras que Raquel ve afectada la calidad del sueño. En el efecto en el sueño es sobre el que se detiene también la terapeuta Esperanza García, que habla del ciclo generado por el insomnio.
Dado que el perfeccionismo disfuncional puede erosionar el bienestar físico y emocional, se hace necesario reconocer su influencia —tanto en los trastornos mentales como en otras patologías— para buscar soluciones que palien sus efectos.